Resumen: Reducir los riesgos para la salud conductual exige una gama completa de servicios de prevención y tratamiento prestados por profesionales «alojados» en distintos compartimentos estancos de proveedores de base comunitaria. Las fuerzas del orden constituyen un compartimento importante que no se ha asociado estrechamente con la prevención, y en particular con los programas y prácticas de prevención basados en la evidencia. Sin embargo, dentro de las comunidades existen funciones de prevención bien definidas que las fuerzas del orden pueden desempeñar para apoyar y reforzar la programación preventiva en curso. Estas funciones, informadas por la ciencia policial, están muy relacionadas con el papel general de las fuerzas del orden en las comunidades a las que sirven los agentes. En este artículo analizamos estas funciones y directrices y formulamos recomendaciones para la formación y el funcionamiento de los agentes de las fuerzas del orden dentro de un marco de prevención.
Definiciones
Empezar por las definiciones de «fuerzas del orden» y «prevención» y por las ciencias que sustentan estos campos ayudará a identificar los conceptos solapados que importan para explorar los campos de práctica en los que los profesionales de ambos ámbitos tienen oportunidades de trabajar juntos por un objetivo común.
Hay muchas definiciones de fuerzas del orden. Usaremos una elaborada por el Bureau of Justice, que sugiere que las fuerzas del orden son: «The generic name for the activities of the agencies responsible for maintaining public order and enforcing the law, particularly the activities of prevention, detection, and investigation of crime and the apprehension of criminals» [el nombre genérico de las actividades de los organismos responsables de mantener el orden público y hacer cumplir la ley, en particular las actividades de prevención, detección e investigación del delito y la aprehensión de los delincuentes].1 La prevención también tiene muchas definiciones. La que usaremos en este artículo está informada por la epidemiología, que constituye el fundamento metodológico de la salud pública. La prevención comprende las acciones emprendidas para eliminar o reducir la enfermedad y la discapacidad antes de que se manifiesten.
Tanto la práctica de las fuerzas del orden como la de la prevención están informadas por la ciencia. La ciencia policial se propone prevenir, detectar e investigar el delito para aprehender y detener a las personas, grupos y organizaciones sospechosos de infringir la ley. La ciencia policial es multidisciplinar e incluye: criminología, ciencia forense, psiquiatría, psicología, jurisprudencia, policía comunitaria, justicia penal, administración penitenciaria y penología.2
Según la ciencia de la prevención, la prevención aborda los determinantes de las conductas que protegen o amenazan la salud social, emocional y física de las personas, las familias y las comunidades, especificando los procesos por los que operan esos determinantes y determinando estrategias eficaces para reducir el riesgo y promover la salud física, mental y social. La ciencia de la prevención es también multidisciplinar e incluye: salud pública, sociología, psicología y psicología social, conducta de salud, medicina, bioestadística y neurociencias.3
Ambos campos han adoptado la aplicación de estándares metodológicos rigurosos para garantizar que las prácticas que respaldan estén «basadas en la evidencia»4 y sean, así, eficaces y beneficiosas. En la prevención, y en particular en la prevención del consumo de sustancias, se ha pasado del término «basado en la investigación»5 a «basado en la evidencia» en publicaciones de Pentz en 2003 y de Rohrbach et al. en 2005,6 y con la creación en 2007 del National Registry of Evidence-Based Programs and Practices (NREPP) por la Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA). El concepto de prevención «basada en la evidencia» se reforzó internacionalmente con la publicación en 2013 de los International Standards for Drug Use Prevention de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. El concepto de «policía basada en la evidencia» lo introdujo Lawrence W. Sherman en 1998.7 Existe hoy una organización, la American Society for Evidence-Based Policing, dedicada a apoyar la investigación y la evaluación de estrategias diseñadas para prevenir la conducta ilegal y a traducir los hallazgos de esos estudios a formatos accesibles para los agentes de las fuerzas del orden.
La ciencia policial ayuda a responder preguntas como:
- ¿Qué tipos de delitos se cometen?
- ¿Cómo ha cambiado con el tiempo la cantidad de delitos en una zona determinada?
- ¿Qué sabemos de las personas que cometen esos delitos?
- ¿Dónde se cometen los delitos?
- ¿Cómo afectan los delitos a la comunidad?
- ¿Cuál es la mejor estrategia para prevenir determinados delitos o responder a ellos en esta jurisdicción?
La ciencia de la prevención aporta el conocimiento sobre cuestiones como:
- ¿A quién afecta una conducta de interés determinada y cuáles son las características de la población afectada (por ejemplo, sexo, edad, raza/etnia y ubicación geográfica)?
- ¿Quién es vulnerable, y qué lo hace vulnerable?
- ¿Cuáles son las consecuencias de esta conducta a lo largo del tiempo?
- ¿Cómo podemos intervenir con eficacia sobre las personas o sobre sus entornos físicos o sociales para reducir el riesgo de inicio o continuación de esta conducta?
La figura 1 muestra que las fuerzas del orden y la prevención están relacionadas entre sí en la medida en que comparten el interés por mantener y promover la seguridad pública y reducir las amenazas conductuales para la salud.
Vulnerabilidad a las conductas de riesgo
Los análisis de estudios longitudinales que siguen a niños y adolescentes hasta la edad adulta temprana8 han aportado evidencia sobre los procesos y determinantes que aumentan la vulnerabilidad de niños y adolescentes al consumo de sustancias y a otras conductas negativas. Estos procesos implican la interacción entre las personas y sus entornos inmediatos (nivel micro) y sociales (nivel macro) (véase la figura 2).9
Por tanto, las fuerzas del orden se beneficiarían de participar en la programación preventiva, en particular en los esfuerzos centrados en niños y adolescentes. Mientras que los profesionales de la prevención implementan programas de prevención basados en la evidencia diseñados para ayudar a agentes de socialización como padres y docentes a mejorar su interacción con los jóvenes de los que son responsables, los profesionales de las fuerzas del orden podrían centrarse en hacer cumplir políticas basadas en la evidencia, como reducir la disponibilidad y la accesibilidad de las sustancias psicoactivas, y en ayudar a crear barrios y comunidades seguros y de apoyo y a reforzar las normas comunitarias contrarias a las conductas de riesgo. Esta colaboración no es una idea nueva. Shepherd & Sumner, van Dijk et al. y Krupanski et al. propusieron conceptos similares sobre la intersección entre las fuerzas del orden y la salud pública.10
Puntos de intersección
Comprender los procesos e interacciones que aumentan la vulnerabilidad a las conductas dañinas sugiere puntos en los que las estrategias preventivas pueden intervenir para alterar las trayectorias negativas y para potenciar y reforzar las positivas (véase la figura 3).11
Los principales puntos de intervención preventiva que afectan a los entornos de nivel micro incluyen los programas basados en la evidencia de habilidades parentales y de gestión familiar. Las escuelas constituyen otro foco principal de los esfuerzos de prevención, en particular en lo que respecta a formar al personal para cambiar el entorno social de sus centros. Por ejemplo, el Good Behavior Game forma a los docentes de los primeros cursos de primaria para introducir a los niños en su papel de alumnos, y Positive Behavioral Interventions and Supports refuerza la vinculación positiva con la escuela a lo largo de toda la experiencia escolar. Además, currículos de prevención como Life Skills Training y Positive Action ayudan a los alumnos a desarrollar las habilidades necesarias para tomar decisiones acertadas que sustenten conductas saludables.
El papel preventivo de los agentes de las fuerzas del orden en las escuelas ha recibido mucha atención en las tres últimas décadas, impulsada por las evaluaciones de los programas impartidos por D.A.R.E. America.12 Estas evaluaciones, junto con las actitudes cada vez más negativas hacia las fuerzas del orden en todo Estados Unidos,13 han aumentado las dificultades para acercarse a las fuerzas del orden e implicarlas en los esfuerzos de prevención en los entornos escolares. Además, mientras que los profesionales de la prevención adoptan un enfoque proactivo para abordar los problemas de conducta, los profesionales de las fuerzas del orden han tendido a ser más reactivos.14 Este enfoque no se presta bien al concepto de prevención ni, en el caso de intervenciones conductuales como las mencionadas, a reconocer la importancia de implicar a los alumnos y aplicar estrategias didácticas adecuadas para enriquecer la experiencia de aprendizaje (por ejemplo, implicar a alumnos de secundaria en juegos de rol y a los padres en la práctica de habilidades parentales positivas).
Hay varios puntos en los que los agentes de las fuerzas del orden podrían servir de apoyo al trabajo de los especialistas en prevención en las escuelas, el lugar de trabajo, la comunidad y el sistema de justicia juvenil. En las escuelas y en el lugar de trabajo, las fuerzas del orden pueden formar parte de un equipo directivo de prevención que elabore las políticas sobre la respuesta de las instituciones al consumo y abuso de sustancias, con independencia de que el consumo se produzca en el propio centro o se manifieste en conductas que afectan negativamente al rendimiento escolar o laboral. Este equipo podría revisar las políticas existentes sobre las infracciones debidas al consumo de sustancias y la respuesta de la institución a una infracción. La investigación ha mostrado el valor de contar con un equipo así, que debería incluir a distintos miembros del personal y a otras partes interesadas relevantes. Este equipo garantizaría que las políticas se ajusten a las mejores prácticas conocidas, que toda la comunidad escolar o laboral las conozca y que existan enfoques de apoyo, no punitivos, para abordar las infracciones y reducir las conductas relacionadas con el consumo de sustancias. La presencia de programas de prevención basados en la evidencia en las escuelas, como LifeSkills Training15 o Positive Action,16 o en los lugares de trabajo, como Team Awareness,17 ha producido resultados positivos en cada uno de esos entornos.
Otro punto clave de intervención para las fuerzas del orden es abordar la accesibilidad y la disponibilidad de sustancias psicoactivas como el tabaco, el alcohol y el cannabis, haciendo cumplir la normativa sobre la venta a menores mediante operaciones en las que adultos de aspecto joven intentan comprar esas sustancias y se sanciona a los vendedores que no piden un documento de identidad. Además, pueden aplicarse multas o el riesgo de revocación de la licencia comercial si el personal de los establecimientos de hostelería vende alcohol a clientes ebrios, y puede multarse a las personas que fumen en zonas restringidas. Otras actuaciones de aplicación de la ley que han tenido éxito son los controles de alcoholemia en carretera. Los efectos de estas actuaciones pueden potenciarse cuando se implementan junto con el uso de los medios de comunicación para aumentar la visibilidad de esas actividades. Un conjunto de políticas regulatorias basadas en la evidencia, de carácter multifacético e integral, puede tener un impacto mayor sobre el consumo de sustancias y los problemas relacionados que cualquiera de ellas por separado, especialmente cuando las políticas se hacen cumplir con coherencia.18
Recomendaciones para apoyar la colaboración entre los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden
Hay tres áreas focales desde las que iniciar una colaboración entre los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden:
- Formación
- Coaliciones comunitarias de prevención
- Alianzas de prevención
Formación
La ciencia de la prevención es un campo relativamente nuevo que está recibiendo reconocimiento tras décadas de investigación que ha aplicado teorías del desarrollo humano y de la conducta de salud para comprender los determinantes y la etiología de las conductas de riesgo. Las teorías del desarrollo humano ayudan a explicar el desarrollo normal y el disfuncional en relación con conductas problemáticas como el consumo de sustancias.19 Las teorías de la conducta de salud han examinado los determinantes clave de la conducta que afecta a la salud, con especial énfasis en las conductas que las intervenciones preventivas eficaces pueden modificar.20 Estas teorías se desarrollaron mediante estudios que observaron y evaluaron a un gran número de niños, adolescentes y adultos. Además, con la mejora de las técnicas de neuroimagen, ha sido posible seguir el desarrollo del cerebro a lo largo de la vida. Gracias a la neuroimagen hemos aprendido que el cerebro de los adolescentes no madura por completo hasta los primeros años de la veintena, lo que puede ayudar a explicar sus decisiones arriesgadas respecto a conductas como el consumo de sustancias.
Además, la teoría cognitiva ha informado la educación y la forma en que los seres humanos aprenden a lo largo de la vida. Los primeros trabajos de Jean Piaget, de los años veinte, siguen influyendo en nuestra comprensión de los procesos cognitivos.21 Las observaciones de Piaget en su estudio de los niños sugieren que estos construyen su conocimiento observando el mundo que les rodea y manipulando objetos de su entorno. Aprenden mucho por sí mismos mediante esas observaciones y «experimentos», y su motivación para aprender es intrínseca. Las teorías cognitivas sobre cómo aprenden los niños son también importantes para el diseño y el desarrollo de intervenciones y políticas de prevención basadas en la evidencia.
Otros psicólogos de la educación y de la cognición han contribuido sustancialmente a nuestra comprensión de cómo aprenden los seres humanos y de cómo aplicar ese conocimiento a la enseñanza. Benjamin Bloom,22 por ejemplo, identificó y describió una ordenación jerárquica de los procesos cognitivos. Su taxonomía abarca tres grandes dominios: cognitivo, afectivo y psicomotor. El aprendizaje en el nivel más alto de cada dominio depende de haber alcanzado los conocimientos y habilidades previos de los niveles inferiores, de modo que cada dominio se construye sobre los que tiene debajo. Esto significa, por ejemplo, que comprender exige la capacidad de recordar información. Y con la comprensión llega la capacidad de aplicar esa información en la situación adecuada, y después de analizar y valorar sus efectos. Esa valoración ofrece entonces la oportunidad de aplicar la información a otra situación.
La tarea de cualquier intervención preventiva es sentar una base de elementos simples de conocimiento y habilidades, construir sobre ella con elementos cada vez más complejos a lo largo del tiempo, y aplicar después ese aprendizaje a situaciones nuevas. El aprendizaje eficaz implica así un proceso cognitivo o mental que incluye no solo la adquisición de conocimientos, sino también la comprensión, las habilidades de pensamiento crítico, la conciencia, el crecimiento en actitudes, emociones y sentimientos, y la capacidad de manejar físicamente herramientas e instrumentos. Además, este proceso debe reflejar la etapa de desarrollo de la persona a lo largo de la vida y adaptarse a ella.
Otro teórico importante es Jerome Bruner, cuyo trabajo se desarrolló en los años sesenta. Su teoría del aprendizaje tiene implicaciones directas para la práctica docente. Primero, la enseñanza debe adaptarse al nivel evolutivo y educativo de los aprendices. Segundo, el material debe retomarse con frecuencia en distintos contextos y con distintas estrategias, para ofrecer a los aprendices una comprensión más profunda y una retención más duradera. Tercero, el material debe presentarse en una secuencia estructurada que dé a los aprendices la oportunidad de adquirir y construir conocimiento y de transformar, transferir o aplicar el material nuevo. Por ello es importante animar a los aprendices a usar sus experiencias previas para comprender y poder traducir los materiales nuevos. En este proceso hay que animarles a ver las semejanzas y diferencias entre el conocimiento nuevo y el ya adquirido. Bruner también sostuvo que la retroalimentación debe adoptar la forma de conocimiento o información, motivada solo en parte por las calificaciones y la competición; la satisfacción es intrínseca y deriva del propio proceso de aprendizaje. El proceso de alternar entre información nueva y antigua y de construir una base de conocimiento cada vez más compleja se denomina aprendizaje en espiral.23
Estas teorías nos informan sobre cómo aprenden las personas, es decir, sobre el proceso de aprendizaje. También es importante comprender los determinantes o factores que influyen en el aprendizaje y por qué alguien está motivado para aprender. La motivación es también clave en el proceso de aprendizaje, ya proceda de dentro, de forma intrínseca, o esté motivada por influencias externas, extrínsecas.24
Todas estas teorías son importantes porque nos ayudan a comprender qué tipos de intervenciones son adecuados para cada periodo evolutivo, desde la primera infancia hasta la edad madura y la vejez, y a sugerir cuándo y cómo intervenir para promover un desarrollo positivo y saludable. Es este conocimiento el que informa el desarrollo de las intervenciones preventivas que, mediante una investigación rigurosa, han demostrado tener resultados positivos a largo plazo.25
Además, el desarrollo y la aplicación de políticas dirigidas a conductas de riesgo como el consumo de sustancias tienen también un fundamento teórico, relacionado principalmente con el control social.26 El control social se expresa en la aplicación de políticas que abordan y regulan la conducta de riesgo dejando claro que esa conducta no es normativa en una comunidad determinada y, por tanto, no es aceptable. Las multas y otras medidas adoptadas en respuesta a las infracciones de esas políticas refuerzan este principio.
¿Por qué es importante esta discusión? La complejidad del diseño de la programación preventiva basada en la teoría exige comprender el fundamento de la intervención, tanto de los programas manualizados como de las políticas, para que se implemente o se haga cumplir tal como se diseñó. Esa comprensión exige formación tanto en el conocimiento de la construcción y el modelo lógico del enfoque preventivo como en las habilidades para implementarlo y hacerlo cumplir tal como se diseñó. Todos los proveedores de servicios que ofrecen programación preventiva necesitan entender cómo se aplica la ciencia de la prevención a las intervenciones basadas en la evidencia para lograr resultados positivos sólidos y, por tanto, por qué la fidelidad de la implementación es crucial. Así pues, si los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden van a unir fuerzas en equipos de prevención, deberían formarse conjuntamente en los fundamentos de la ciencia de la prevención y en su aplicación a la implementación de intervenciones y políticas basadas en la evidencia.
Coaliciones comunitarias de prevención
Un ámbito en el que los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden pueden colaborar para abordar el consumo de sustancias son las coaliciones comunitarias de prevención. La implicación de la comunidad en la resolución de problemas de salud pública puede remontarse a la peste negra. Integrar distintas facetas de la comunidad ha constituido el fundamento de la salud pública desde hace mucho tiempo, sobre todo desde que se reconoció que cambiar las conductas individuales era insuficiente para abordar la salud de toda la comunidad. En todo el mundo se han hecho muchos esfuerzos por implicar de algún modo a la comunidad en la atención a sus necesidades de salud.
Ejemplos recientes de estos esfuerzos en EE. UU. son el Stanford Three Community Study, realizado por la Universidad de Stanford de 1979 a 1990,27 y el Midwestern Prevention Project, realizado por la University of Southern California durante los años ochenta.28
El Stanford Three Community Study utilizó una campaña educativa en toda la comunidad para abordar la enfermedad cardiovascular cambiando las prácticas alimentarias y reduciendo el tabaquismo en la población general. El Midwestern Prevention Project abordó el consumo de sustancias en Kansas City (Misuri) con programación en medios de comunicación, un programa educativo escolar, programas de educación para padres, organizaciones comunitarias que incluían a líderes empresariales y componentes de política sanitaria, introducidos de forma secuencial durante un periodo de seis años. Estos estudios mostraron cómo múltiples intervenciones dentro de una zona geográfica definida podían tener un impacto sobre las conductas relacionadas con la salud.
Sobre esta base, a finales de los años noventa el Center for Substance Abuse Prevention financió un gran número de alianzas comunitarias, y la Robert Wood Johnson Foundation apoyó las Fighting Back Community Coalitions. Dos enfoques de coalición comunitaria basados en la evidencia y apoyados por el National Institute on Drug Abuse son Communities That Care29 y PROSPER (PROmoting School-community-university Partnerships to Enhance Resilience).30 En la actualidad hay quizá miles de coaliciones comunitarias de prevención en todo el país.31 Sin embargo, no todas están basadas en la evidencia, y su valor y su eficacia se han puesto en cuestión.32 La financiación de estas coaliciones procede de diversas fuentes locales, estatales y federales. Las coaliciones constituyen oportunidades para que los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden colaboren estrechamente.33
Alianzas de prevención
Es de gran importancia crear alianzas que ofrezcan programación preventiva basada en la evidencia para atender las necesidades de la comunidad.34 Con independencia de que se formalicen como coalición comunitaria, estos grupos necesitan tener acceso a datos sobre la magnitud del problema en la comunidad, a quién afecta y dónde se encuentran esas personas. Esta información incluye no solo los episodios de urgencias o las muertes en las que interviene el consumo de sustancias psicoactivas (por ejemplo, sobredosis, intentos de suicidio), sino también descriptores de los ingresos en tratamiento por consumo de sustancias, las infracciones de las políticas escolares y legales relacionadas con el consumo de sustancias, las detenciones relacionadas con el consumo de sustancias y los análisis de las sustancias incautadas. Las fuerzas del orden tienen un papel clave a la hora de ayudar a identificar las áreas de preocupación en la comunidad y de desarrollar «cuadros de mando» que muestren de un vistazo qué problemas está experimentando la comunidad y cómo se comparan en magnitud y gravedad con los de comunidades similares y vecinas.
Como se ha mencionado, la participación de los agentes de las fuerzas del orden y de los profesionales de la prevención en la implementación directa de cualquier intervención preventiva basada en la evidencia exige comprender la estructura fundamental de la intervención, incluido el modelo lógico en el que se basa. Además, como los programas basados en la evidencia están estructurados para aplicarse a un grupo de edad concreto, la formación en estrategias didácticas adecuadas a la edad es tan importante como dominar plenamente el contenido del programa. Estas salvedades se aplican tanto a los educadores sin formación en ciencia de la prevención como a los agentes de las fuerzas del orden.
Próximos pasos
¿Qué puede unir a las comunidades de la prevención y de las fuerzas del orden en una alianza productiva y de respeto mutuo para perseguir el objetivo común de prevenir el consumo de sustancias y las conductas de riesgo relacionadas? ¿Qué puede disolver los muros de los compartimentos estancos de financiación y conceptuales en los que opera cada una? Dados los paradigmas tan distintos que enmarcan el enfoque de la prevención de cada profesión, es probable que sea una tarea difícil. Sin embargo, como se ha indicado,35 otros han señalado no solo el solapamiento de los objetivos comunitarios, sino también evidencia de las oportunidades y del éxito de esas colaboraciones.36 Nuestras sugerencias sobre cómo avanzar en una empresa común incluyen los siguientes pasos. Creemos que el liderazgo de una iniciativa de esta naturaleza debe venir de arriba. Sugerimos que la Office of Drug Control Policy y el Departamento de Justicia de Estados Unidos usen su poder de persuasión para reunir a un conjunto de expertos de reconocido prestigio nacional de los campos de la ciencia policial y de la prevención que compartan un interés y un foco comunes. El propósito debería ser la elaboración de un libro blanco que explore y sugiera estrategias mediante las cuales las estrategias y enfoques de prevención puedan entrelazarse a través de las distintas orientaciones profesionales. El documento debería identificar también las principales barreras a la colaboración y cómo superarlas, o al menos atenuarlas. Debería recomendar asimismo áreas concretas en las que los profesionales de la prevención y de las fuerzas del orden deberían recibir formación cruzada si han de comprender los principios rectores y los entornos operativos del otro. El libro blanco debería formular también recomendaciones concretas sobre los recursos de financiación existentes a los que podría recurrirse para apoyar el desarrollo de equipos interdisciplinares, centrándose en la articulación de la implementación conjunta de estrategias de prevención clave de interés común a nivel comunitario. El documento debería sugerir además fuentes de financiación novedosas (por ejemplo, del gobierno federal o de fundaciones interesadas) que puedan ser necesarias para apoyar esta iniciativa. El siguiente paso lógico sería una conferencia por invitación, de alcance nacional, diseñada para revisar sistemáticamente los conceptos y sugerencias del libro blanco ante una audiencia combinada de responsables de prevención y de fuerzas del orden. A continuación se revisaría el documento.
Esta iniciativa podría fácilmente flaquear al concluir este proceso sin más orientación ni apoyo financiero. Sugerimos que se seleccionen cuidadosamente varias sedes piloto (quizá mediante un proceso competitivo de subvenciones) como laboratorio en el que poner en práctica las recomendaciones del libro blanco. La clave del éxito de estas sedes piloto sería su disposición a consultar estrechamente y de forma continuada con expertos de los campos de la policía y de la ciencia de la prevención. Las sedes piloto, que servirían de incubadoras para el desarrollo y la implementación de estrategias de prevención entrelazadas, deberían seguirse después con atención durante al menos tres años y describirse en estudios de caso individuales. Los hallazgos de esos estudios de caso podrían agregarse luego en un documento de orientación que informara el avance de este campo de práctica naciente.
Discusión
Dos cuestiones importantes no se han abordado directamente en este artículo porque, por sí mismas, exigirían una atención considerable. Una de ellas es la «guerra contra las drogas» y sus implicaciones en cuanto a la desconfianza hacia las fuerzas del orden dentro de las comunidades. Aunque pertinente, la «guerra contra las drogas» y la desconfianza de muchas comunidades han llevado a la implantación de numerosas leyes de mano dura contra el delito, especialmente cuando hay sustancias de por medio. Esas leyes podrían comprometer, como es natural, la aplicabilidad y la eficacia de las políticas sugeridas. Sin embargo, con la legalización de la marihuana y un renovado interés por la despenalización, las oportunidades de reforzar el papel positivo de las fuerzas del orden en la atención a los problemas comunitarios a través de la prevención, en particular en colaboración con las organizaciones comunitarias de prevención, salud y servicios sociales, deberían ayudar a reconstruir la confianza en las fuerzas del orden.
Otra cuestión es el foco en Estados Unidos. Hemos tomado deliberadamente Estados Unidos como ejemplo de cómo pueden integrarse las fuerzas del orden en un marco de prevención, porque es el que mejor conocemos. Sin embargo, este papel no se limita a un país, sino que puede integrarse en la labor policial de todo el mundo. En reconocimiento de este concepto, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) elaboró las Guidelines for the Role of Law Enforcement Officers in the Classroom, desarrolladas en un simposio patrocinado por la ONU sobre este tema celebrado en Viena. La premisa de las Guidelines es: «… to improve the effectiveness of pre-existing and ongoing work of Law Enforcement Officers (LEO) involved in substance use prevention in schools. Its intentions are to incite LEO to re-assess their mode of operation and align their work with what the science of prevention suggests doing in such settings» [mejorar la eficacia del trabajo previo y en curso de los agentes de las fuerzas del orden implicados en la prevención del consumo de sustancias en las escuelas; su intención es incitar a los agentes a reevaluar su modo de actuar y a alinear su trabajo con lo que la ciencia de la prevención sugiere hacer en esos entornos].37 Las Guidelines son un esfuerzo por orientar a las fuerzas del orden de todo el mundo sobre la mejor manera de apoyar los esfuerzos de prevención basados en la evidencia en sus escuelas. Forman parte del esfuerzo de la UNODC por contribuir «… to global peace and security, sustainable development and human rights by helping to make the world safer from drugs, crime, corruption and terrorism» [a la paz y la seguridad mundiales, el desarrollo sostenible y los derechos humanos, ayudando a hacer del mundo un lugar más seguro frente a las drogas, el delito, la corrupción y el terrorismo].38 Estas directrices empiezan a sentar las bases de un esfuerzo internacional por entrelazar los objetivos y las actividades de los campos de las fuerzas del orden y de la prevención.
Sobre los autores
Zili Sloboda, Sc.D., presidenta de Applied Prevention Science International.
Christopher Ringwalt, Dr.P.H., científico sénior del Pacific Institute for Research and Evaluation.
Referencias
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Notas
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Por ejemplo, David Weisburd & Peter Neyroud. Police Science: Toward a New Paradigm (2011). Harvard Kennedy School Program in Criminal Justice Policy and Management.↩︎
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En el ámbito policial: … «a decision-making process which integrates the best available evidence, professional judgement, and community values, preferences and circumstances» [un proceso de toma de decisiones que integra la mejor evidencia disponible, el juicio profesional y los valores, preferencias y circunstancias de la comunidad], Stephan Klose. “Redefining Evidence-Based Policing.” Policing: A Journal of Policy and Practice, 18, 1–7 (2024). https://doi.org/10.1093/police/paad095; p. 1; en la prevención: … «prevention programs, strategies, and policies that have been rigorously tested under research conditions and found to be effective in changing adolescent drug use behavior and attitudes» [programas, estrategias y políticas de prevención que se han puesto a prueba rigurosamente en condiciones de investigación y han demostrado ser eficaces para cambiar la conducta y las actitudes de los adolescentes respecto al consumo de drogas], Mary Ann Pentz. “Evidence-Based Prevention: Characteristics, Impact, and Future Direction.” Journal of Psychoactive Drugs, 35 Suppl 1, 143-152 (2003). doi: 10.1080/02791072.2003.10400509. PMID: 12825757.↩︎
Por ejemplo, Zili Sloboda & Susan B. David. “Commentary on the Culture of Prevention.” Prevention Science, 22, 84–90 (2021). https://doi.org/10.1007/s11121-020-01158-8.↩︎
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Por ejemplo, Judith S. Brook, Irving F. Lukoff, & Martin Whiteman. “Initiation into Adolescent Marijuana Use.” The Journal of Genetic Psychology, 137(1st Half), 133-142 (1980). doi: 10.1080/00221325.1980.10532808. PMID: 6968818; Kazuo Yamaguchi & Denise B. Kandel. “Patterns of Drug Use from Adolescence to Young Adulthood: II. Sequences of Progression.” American Journal of Public Health, 74(7), 668-672 (1984). doi: 10.2105/ajph.74.7.668. PMID: 6742252; PMCID: PMC1651663; Kristine Marceau. “The Role of Parenting in Developmental Trajectories of Risk for Adolescent Substance Use: A Bioecological Systems Cascade Model.” Frontiers of Psychology, 20, 14:1277419 (2023). doi: 10.3389/fpsyg.2023.1277419. PMID: 38054168; PMCID: PMC10694242; Katie A. Weatherson, Meghan O’Neill, Erica Y. Lau, Wei Qian, Scott T. Leatherdale & Guy E. J. Faulkner. “The Protective Effects of School Connectedness on Substance Use and Physical Activity.” Journal of Adolescent Health, 63(6), 724-731 (2018). doi: 10.1016/j.jadohealth.2018.07.002. Epub 2018 Sep 28. PMID: 30269908.↩︎
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Ibid.↩︎
Fuente y licencia
Este artículo es una traducción al español de: Zili Sloboda, Christopher Ringwalt, «The Role of Law Enforcement in the Reduction of Substance Use and Other Behavioural Health Risks: Substance Use as a Focus: United States as an Example». International Journal of Police Science 4, n.º 1 (2025). DOI: 10.56331/ijps.v3i2.9847. Original: ijps-journal.org.
El artículo se publica bajo la licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional (CC BY-NC 4.0); los autores conservan los derechos de autor. Se reproduce aquí con atribución y sin más cambios en su contenido que la traducción al español. Las notas finales del original, numeradas en romanos, se numeran aquí del 1 al 38; se han corregido en silencio erratas tipográficas evidentes, y las tres figuras se redibujaron para este sitio. En caso de duda, la versión oficial publicada en la revista es la autorizada.
Palabras clave del original: Prevention, Law Enforcement, Policing, Prevention Science, Policing Science.