De un vistazo
- CTC es uno de los sistemas de prevención comunitaria mejor evaluados del mundo. Su evidencia central procede de un ensayo aleatorizado por comunidades, el , que siguió a 4.407 alumnos de 24 pequeñas localidades desde quinto curso hasta la vida adulta y mantuvo en el estudio al 92,5 % de ellos hasta el final de la educación secundaria (Hawkins et al., 2009, 2014).
- El efecto es real, y es específico. CTC retrasa o evita de forma duradera el primer consumo de sustancias y los primeros pasos hacia la delincuencia. No reduce de forma consistente cuánto consumen actualmente los jóvenes al final de la adolescencia, y sus efectos sobre los factores de protección se limitan a algunos ámbitos de la vida (Hawkins et al., 2014; Kim et al., 2014).
- El mecanismo se ha puesto a prueba, no se ha dado por supuesto. Los efectos conductuales discurren íntegramente a través de la adopción por la comunidad de un enfoque de prevención basado en la ciencia, y ese cambio sobrevivió a la financiación del estudio (Brown et al., 2013; Rhew et al., 2013).
- La réplica fuera de Estados Unidos es desigual. Australia encontró descensos más pronunciados del consumo de sustancias en la adolescencia y un retorno económico positivo; el estudio de resultados neerlandés no pudo reproducir los efectos conductuales; el estudio alemán ha comunicado hasta ahora resultados a nivel de sistema que dependen en gran medida de lo bien que implementó cada comunidad (Toumbourou et al., 2019; Jonkman et al., 2015; Röding et al., 2026).
- La revisión independiente más reciente es cautelosa. En 2025, el Youth Endowment Fund agrupó 41 tamaños del efecto de 13 publicaciones y encontró un riesgo relativo conjunto de 0,93 para los resultados de violencia y delincuencia, con un intervalo de confianza que incluye el uno, y calificó el enfoque de bajo impacto y confianza muy baja. Ninguno de los estudios agrupados procedía del Reino Unido. Creemos que la respuesta correcta a ese veredicto es más evidencia europea, no menos.
Por qué los sistemas de prevención son difíciles de evaluar, y por qué CTC se evaluó de todos modos
Communities That Care no es un programa. Es una manera de que una comunidad decida qué hacer: recoger datos sobre los y los que configuran la vida de los jóvenes, priorizar los que están más elevados a nivel local, elegir programas probados que los aborden, implementarlos bien y volver a medir. Un curso de habilidades parentales aislado puede evaluarse comparando a las familias que lo hicieron con las que no. Un sistema de decisión solo puede evaluarse comparando comunidades, a lo largo de años, con todo el ruido que las comunidades generan.
En los debates europeos sobre estrategias de prevención comunitaria se sostiene a veces que intervenciones de este tipo, plurianuales, multisectoriales y adaptadas a cada localidad, no pueden evaluarse en absoluto con diseños controlados. El argumento merece una respuesta directa. Primero, una intervención exactamente de ese tipo ya se ha evaluado con un diseño aleatorizado por comunidades, una cohorte longitudinal y análisis de mediación replicados: eso es el Community Youth Development Study (Hawkins et al., 2009, 2014). Segundo, la metodología de evaluación lleva dos décadas construyendo un repertorio de instrumentos para las intervenciones complejas de salud pública, desde el marco del Medical Research Council para intervenciones complejas hasta la evaluación realista y las evaluaciones de proceso con perspectiva de sistemas (McGill et al., 2020). La complejidad no es un destino metodológico. Es una exigencia para el diseño del estudio y para la financiación. Cuando la afirmación de que algo no puede evaluarse se endurece hasta convertirse en principio, protege a la intervención del escrutinio en lugar de hacer avanzar el conocimiento sobre ella.
La teoría que se puso a prueba
CTC se apoya en dos modelos que van juntos. El , formulado por Richard F. Catalano y J. David Hawkins (1996), integra la teoría del control, la teoría del aprendizaje social y la asociación diferencial en una explicación evolutiva de la conducta. Su tesis central es sencilla: los jóvenes se vinculan a las personas y las instituciones que les dan oportunidades de participación significativa, las habilidades para aprovecharlas y reconocimiento por hacerlo. La vinculación conduce a la adopción de las normas de ese grupo. El mismo mecanismo produce vinculación prosocial en un entorno de apoyo y vinculación antisocial en uno conflictivo.
La Estrategia de Desarrollo Social es la forma práctica del modelo: crear oportunidades de participación prosocial en cada ámbito de la vida de un joven, enseñar las habilidades necesarias para aprovecharlas, dar un reconocimiento oportuno y justo, y sostener todo ello con expectativas claras que promuevan la salud y con relaciones fiables (Hawkins et al., 2002; Fagan et al., 2019). Es el puente entre un modelo abstracto y el trabajo concreto de una coalición local.
El sistema construido sobre esa teoría se desarrolla en cinco fases: evaluar la preparación, organizarse en una coalición, elaborar un perfil comunitario a partir de la encuesta a jóvenes de CTC, crear un plan de acción en torno a un número reducido de factores priorizados y programas probados, e implementar y evaluar ese plan en un ciclo de dos a cinco años. El sistema se describe en detalle en otro lugar de este sitio; lo que importa aquí es que la recogida de datos, la selección de programas y la evaluación están encadenadas en un único bucle. Ese bucle es lo que el ensayo puso a prueba.
El Community Youth Development Study: diseño
El ensayo comenzó en 2003 en 24 pequeñas localidades de siete estados de EE. UU.: Colorado, Illinois, Kansas, Maine, Oregón, Utah y Washington. Dentro de cada estado, las localidades se emparejaron por tamaño, pobreza, composición étnica y criminalidad, y en cada pareja una de ellas fue asignada a CTC a cara o cruz (Hawkins et al., 2009, 2012). Las doce comunidades de intervención recibieron formación, asistencia técnica, un coordinador financiado y dinero para programas durante los cinco años del periodo de intervención. Una cohorte longitudinal de 4.407 alumnos de quinto curso fue encuestada cada año de 2004 a 2011, y el 92,5 % seguía en el estudio en duodécimo curso (Hawkins et al., 2014). Las localidades eran pequeñas, ninguna con más de unos 50.000 habitantes, y de carácter rural o suburbano. Ese dato importará más adelante.
Qué encontró el ensayo, por orden
Primeros años, hasta octavo curso. Los efectos sobre los factores de riesgo priorizados y sobre el inicio de la conducta delictiva ya eran visibles entre quinto y séptimo curso (Hawkins et al., 2008). En octavo curso, la incidencia del primer consumo de alcohol, cigarrillos y tabaco sin humo, y de los primeros actos delictivos, era significativamente menor en las comunidades CTC que en las de control. La prevalencia en los últimos treinta días de algunas sustancias y la delincuencia en el último año también eran menores (Hawkins et al., 2009).
Décimo curso, un año después del final del periodo de intervención. Los factores de riesgo priorizados aumentaron más despacio en las comunidades CTC y se mantuvieron significativamente más bajos. Se redujeron el consumo actual de cigarrillos y la delincuencia y la violencia en el último año (Hawkins et al., 2012).
Duodécimo curso, tres años después. Aquí cambió el panorama. Los alumnos de las comunidades CTC tenían significativamente más probabilidades de no haber consumido nunca ninguna droga (riesgo relativo 1,32; intervalo de confianza del 95 %: 1,06–1,63), de no haber bebido nunca alcohol (1,31; 1,09–1,58), de no haber fumado nunca (1,13; 1,01–1,27) y de no haber cometido nunca un acto delictivo (1,18; 1,03–1,36), y tenían menos probabilidades de haber sido violentos alguna vez (0,86; 0,76–0,98). En la prevalencia en el último año y en el último mes del consumo o la conducta actuales, sin embargo, ya no había diferencias relevantes (Hawkins et al., 2014). CTC desplaza de forma duradera la iniciación. No iguala necesariamente los niveles al final de la adolescencia.
Hacia la vida adulta. A los 21 años, los jóvenes adultos de las localidades CTC tenían un 49 % más de probabilidades de haberse mantenido abstinentes de las llamadas «drogas de inicio», un 18 % más de probabilidades de haber evitado por completo la conducta antisocial, y una incidencia de violencia a lo largo de la vida un 11 % menor; la abstinencia sostenida de tabaco fue mayor entre los varones jóvenes (Oesterle et al., 2018). A los 23 años, doce años después de la medición inicial, tenían un 20 % más de probabilidades de contar con un título universitario, y el análisis de beneficio-coste cifró el retorno en 12,88 dólares por cada dólar invertido, con supuestos conservadores y considerando únicamente los resultados principales (Kuklinski et al., 2021). Un análisis anterior ya había encontrado beneficios superiores a los costes al final de la educación secundaria (Kuklinski et al., 2015). Un análisis de 2023 de la misma cohorte documentó un menor porte de armas de fuego cortas en la adolescencia en las comunidades CTC (Rowhani-Rahbar et al., 2023).
Más allá de la conducta: mecanismo, cambio de sistema, sostenibilidad
- Mecanismo. Los efectos a nivel comunitario sobre los resultados juveniles estuvieron totalmente mediados por la adopción de un enfoque de prevención basado en la ciencia, lo que constituye una prueba empírica de la lógica del modelo y no una simple reformulación de ella (Brown et al., 2013).
- Transformación del sistema. Cuatro años y medio después del inicio de la implementación, los líderes clave de las comunidades CTC comunicaban una adopción significativamente mayor de un enfoque basado en la ciencia que sus homólogos de las comunidades de control (Brown et al., 2011). A los seis años, las normas comunitarias contrarias al consumo de sustancias en la adolescencia se habían reforzado de forma duradera (Rhew et al., 2013).
- Durabilidad de las estructuras. Veinte meses después de que terminara la financiación del estudio, once de las doce coaliciones CTC seguían existiendo y cumplían muchos más requisitos de proceso del sistema que sus equivalentes en las comunidades de comparación (Gloppen et al., 2012). Un año y medio después del final de la financiación, la adopción de la prevención basada en la ciencia seguía siendo significativamente mayor en las comunidades CTC (Rhew et al., 2013).
- Factores de protección. Los efectos sobre los factores de protección eran medibles en octavo curso en los ámbitos de la comunidad, la escuela, y el individuo y su grupo de iguales, pero no en el ámbito familiar (Kim et al., 2014). En décimo curso, un año después del periodo de intervención, los efectos en el conjunto de los ámbitos ya no eran visibles de forma consistente, aunque persistían efectos diferenciales por sexo y por riesgo de partida (Kim et al., 2015).
- Sexo. A los 19 años, los efectos a lo largo de la vida eran más claros en los varones jóvenes que en las mujeres jóvenes (Oesterle et al., 2015).
Leer el ensayo con honestidad
El Community Youth Development Study cumple los estándares más exigentes de la ciencia de la prevención: un diseño aleatorizado por comunidades, un periodo de observación largo, una retención muy alta, escalas validadas y análisis de mediación replicados. Su efecto es, no obstante, específico: fuerte en retrasar o evitar el primer consumo de sustancias y los primeros actos delictivos, menos claro en la prevalencia actual al final de la adolescencia, y limitado a ámbitos concretos en lo que respecta a los factores de protección.
También está ligado a su contexto. El ensayo se desarrolló en pequeñas localidades estadounidenses con estructuras rurales y suburbanas. Nada en él autoriza una inferencia directa sobre las grandes ciudades. La primera evidencia procedente de un gran entorno urbano con una alta carga de problemas llegó solo en 2024, de una evaluación no aleatorizada de CTC en la comunidad de Greater Bronzeville, en Chicago, que encontró reducciones de las agresiones con agravantes y de los robos con violencia en comparación con barrios similares de Chicago (Gorman-Smith et al., 2024). Es alentador, y es un único estudio con un diseño más débil que el ensayo.
Conviene nombrar una lectura errónea. Como la mayoría de los efectos medidos procedían de programas probados aplicados a jóvenes de diez a catorce años, CTC se reduce a veces a una lógica de programa escolar. Es una visión demasiado estrecha. CTC se entiende a sí mismo como un sistema comunitario de coordinación y decisión (Hawkins et al., 2002; Fagan et al., 2019). Eisenberg y Raghavan (2024) lo expresan en términos de jardinero: los programas individuales son la semilla, CTC es la tierra sin la cual la semilla no arraiga. La encuesta a jóvenes ofrece a los servicios de juventud, las escuelas, la salud pública, la policía, las organizaciones de voluntariado y la política local una imagen compartida de la situación y un lenguaje común para actuar sobre ella más allá de las fronteras sectoriales.
Réplica fuera de Estados Unidos
Australia. CTC se implementa en Victoria desde 2001. Un análisis longitudinal comparó cuatro comunidades que completaron el proceso CTC con otras 104 localidades, a partir de 41.328 encuestas a adolescentes recogidas entre 1999 y 2015, y encontró reducciones anuales significativamente más pronunciadas del consumo de alcohol, tabaco y cannabis a lo largo de la vida y de la conducta antisocial en el último año en las localidades CTC (Toumbourou et al., 2019). Análisis posteriores documentaron efectos sobre las tasas municipales de delincuencia juvenil entre 2010 y 2019 (Rowland et al., 2022) y sobre las lesiones con ingreso hospitalario en niños y adolescentes (Berecki-Gisolf et al., 2020). El análisis de beneficio-coste de este estudio no aleatorizado de coaliciones cifró el retorno en 2,60 dólares australianos por cada dólar invertido, con un 93 % de los beneficios procedentes de la delincuencia y la violencia evitadas; la intervención costó unos tres dólares por joven y año y devolvió unos ocho (Abimanyi-Ochom et al., 2024). Los hallazgos australianos son de tendencia, proceden de un diseño más débil que el ensayo estadounidense, y apuntan en la misma dirección. Se examinan con más detalle en un artículo aparte.
Países Bajos. CTC fue introducido a finales de los años noventa por Josine Junger-Tas y evaluado de forma cuasiexperimental en cinco barrios (Steketee et al., 2013). El estudio de resultados que abarcó de 2008 a 2011 no pudo reproducir los efectos sobre la conducta problemática adolescente medidos en Estados Unidos. Sus autores lo atribuyen principalmente a los límites del diseño (Jonkman et al., 2015), mientras que la lista mucho más corta de programas probados entonces disponibles en el país se describe como una restricción adicional para la implementación (Steketee et al., 2013). A nivel de factores de riesgo y de protección, en cambio, los mismos factores predecían la conducta problemática adolescente en ambos países (Oesterle et al., 2012). La lógica diagnóstica de CTC es trasladable. La eficacia de una selección concreta de programas debe demostrarse en cada país.
Alemania. CTC-EFF, un ensayo comunitario no aleatorizado dirigido por la Hannover Medical School, comparó comunidades CTC con comunidades de comparación emparejadas (Röding et al., 2021). Su ventana de observación cayó por completo en los años de la pandemia y, a diferencia del ensayo estadounidense, no financió un coordinador en las comunidades participantes. En esas condiciones, la implementación avanzó poco y todavía no pudo demostrarse un efecto medio sobre el sistema local de prevención (Röding et al., 2026). Un metanálisis de doce pares emparejados de comunidades encontró un efecto global positivo sobre la adopción de la prevención basada en la evidencia (g = 0,57), junto con una amplia variación entre sedes, de la que la calidad de la implementación por sí sola explicaba el 40,5 % (von Holt et al., 2025; por ahora un resumen de congreso). Los resultados conductuales todavía no se han comunicado. Lo que el estudio alemán ha mostrado hasta ahora es cuánto depende de la implementación, tema de un artículo aparte.
Reino Unido. Communities that Care UK trabajó con más de sesenta sedes entre 1998 y 2008; unas treinta de ellas recorrieron el proceso de CTC, y el resto encargó únicamente la encuesta a jóvenes. Cesó su actividad en 2009. La evaluación de tres sedes de demostración encontró que dos de ellas no implementaron el modelo tal como estaba previsto; la tercera, que sí lo hizo, mostró resultados prometedores (Crow et al., 2004). El programa terminó cuando lo hizo su financiación. El Reino Unido no ha producido desde entonces ningún estudio de resultados sobre CTC.
La revisión del Youth Endowment Fund de 2025
En noviembre de 2025, el Youth Endowment Fund, que asesora sobre prevención de la violencia en Inglaterra y Gales, publicó una revisión de CTC en su Toolkit (Youth Endowment Fund, 2025). Su metanálisis de 41 tamaños del efecto procedentes de 13 publicaciones encontró un riesgo relativo conjunto de 0,93 para los resultados de violencia y delincuencia, con un intervalo de confianza del 95 % de 0,84 a 1,02, que no es estadísticamente significativo, y una heterogeneidad sustancial entre los estudios. El Fund calificó el enfoque como de bajo impacto, confianza muy baja y coste alto, y aconsejó a quienes contratan servicios no financiar ni ampliar nuevos programas de CTC hasta que nuevas investigaciones demuestren que el enfoque puede aplicarse con eficacia en el contexto del Reino Unido.
Conviene saber dos cosas sobre ese veredicto. Primero, ninguno de los estudios agrupados por la revisión procedía del Reino Unido; la preocupación se refiere a la viabilidad de la aplicación en un contexto donde CTC no se aplica desde 2009 y se evaluó por última vez a mediados de la década de 2000, no al modelo. Segundo, la estimación específica de violencia, de aproximadamente un 10 % menos de violencia (riesgo relativo de 0,87; IC del 95 %: 0,75–1,01), apunta en la misma dirección que todos los estudios de esta página; lo que la revisión no pudo establecer, con los estudios disponibles, es que el efecto sea de forma fiable distinto de cero. Es un cuestionamiento razonable. La página de evidencia y un artículo aparte lo abordan en detalle.
Limitaciones y preguntas abiertas
Con todo el respeto por la evidencia existente, sus límites deben enunciarse con claridad:
- El ensayo es metodológicamente sólido pero está ligado a su contexto, pequeñas localidades estadounidenses y resultados centrados en el consumo de sustancias y la delincuencia, y no muestra efectos consistentes sobre la prevalencia actual al final de la adolescencia ni sobre los factores de protección familiares (Hawkins et al., 2014; Kim et al., 2014).
- La réplica internacional es desigual: los hallazgos positivos de tendencia de Australia conviven con un resultado nulo en el estudio de resultados neerlandés, lo que subraya cuánto depende de que existan programas adecuados y disponibles a nivel local (Toumbourou et al., 2019; Jonkman et al., 2015).
- La durabilidad de los efectos de CTC depende de que continúen la formación y la financiación (Rhew et al., 2013; Gloppen et al., 2012).
- La revisión independiente más reciente califica el efecto sobre la violencia de incierto, y la razón es la escasez de estudios en el contexto que le interesa.
Hace falta investigación, sobre todo, acerca de la eficacia de CTC en las grandes ciudades y en barrios social y lingüísticamente diversos, donde el estudio de Chicago es un primer dato y no una respuesta; acerca de los resultados conductuales en las implementaciones europeas, que Alemania está generando y Suecia, Estonia e Irlanda están preparando, mientras Croacia construye la infraestructura de encuesta necesaria; y acerca de la evaluación económica de los sistemas de prevención frente a los programas aislados. Las intervenciones comunitarias complejas pueden evaluarse cuando la inversión en diseños escalonados, desde el análisis del contexto, pasando por la investigación de implementación y el análisis de mediación, hasta la medición de resultados, se hace de verdad (McGill et al., 2020). El Community Youth Development Study muestra lo que se obtiene con esa inversión.
Conclusión
Communities That Care ha hecho algo que la mayoría de las estrategias de prevención comunitaria no han hecho: ha puesto a prueba sus propios supuestos en un ensayo aleatorizado y ha seguido a los participantes hasta la vida adulta. El resultado es un desplazamiento duradero del momento en que los jóvenes empiezan a consumir sustancias y a infringir las normas, un cambio medible en la forma en que sus comunidades toman decisiones, y un retorno económico que se ha mantenido bajo supuestos conservadores. El resultado es también más acotado de lo que a veces sugiere su reputación, y todavía no se ha reproducido en un estudio de resultados europeo. Una comunidad que se plantee CTC debería tomarse en serio las dos mitades de esa frase. También los investigadores cuyo trabajo es cerrar la brecha.
Referencias
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